Alhama celebra a la vez a sus dos patronos: San Nicolás de Bari, patrón del pueblo desde 1783, cuya festividad cae el 6 de diciembre, y la Inmaculada Concepción —la Purísima—, patrona que se honra el día 8. De ahí que las fiestas grandes abracen el puente de diciembre, del 5 al 8, con dos días mayores y dos noches de víspera.
Su carácter religioso viene del siglo XVIII y se conserva intacto: misas y procesiones siguen marcando el corazón del programa, junto a tradiciones tan singulares como el «lavado de la cara del santo», que el pueblo guarda con orgullo de generación en generación.
Pero estas fiestas son, sobre todo, el reencuentro del año. Quien se marchó vuelve por el puente, las plazas se llenan, la banda recorre las calles y, durante cuatro días, Alhama se reconoce a sí misma: en el estruendo de los cohetes, en el paso lento de los tronos y en la última canción de la verbena.