5.000 años de Historia
Sobre un espolón entre la rambla de Huéchar y el río Andarax, en el término de Santa Fe de Mondújar y a unos veinte kilómetros del mar, se asienta Los Millares. Entre el 3200 y el 2200 a. C., durante el Calcolítico o Edad del Cobre, llegó a ser uno de los poblados más extensos y organizados de Europa occidental.
El recinto estaba protegido por cuatro líneas de murallas concéntricas, reforzadas con torres y bastiones. Más allá, repartidos a ambos lados del barranco, una red de trece fortines vigilaba el territorio y los caminos de acceso. Dentro vivían artesanos del cobre, alfareros y agricultores: las casas, circulares, se agrupaban junto a talleres donde se fundía mineral traído de la sierra cercana.
Una Necrópolis de Tholos
Frente al poblado se extiende una necrópolis de unas trece hectáreas con cerca de ochenta tumbas colectivas. Son tholos: sepulturas de cámara circular, de tres a seis metros de diámetro, cubiertas por una falsa cúpula de piedra y rematadas por un túmulo de tierra. A ellas se accedía por un corredor, y en su interior se han hallado cuencos, ídolos y ajuares que hablan de las creencias de quienes las construyeron. Esta cultura millarense precede y prepara el terreno a la civilización de El Argar, que dominaría el sureste peninsular en la Edad del Bronce.
Documentado en 1891, durante las obras del ferrocarril, y estudiado por el ingeniero Luis Siret | Centro de recepción e interpretación en el yacimiento | Conviene confirmar horarios y acceso antes de la visita.
Vida en la ciudadela
Cobre, cerámica y agua
Dentro de las murallas vivían artesanos del cobre, alfareros y agricultores. El mineral, traído de la sierra cercana, se fundía en hornos para fabricar hachas, punzones y útiles; los talleres de cerámica producían vasijas e ídolos, y los campos del valle del Andarax, regados con un dominio temprano del agua, alimentaban a una población numerosa.
Esa combinación de metalurgia, agricultura de regadío y control de los caminos convirtió a Los Millares en un centro de poder. Su tamaño, sus murallas concéntricas y su red de fortines lo han hecho referencia del Calcolítico europeo y modelo para entender cómo se organizaban las primeras sociedades complejas del continente.