Aguacate
El más incipiente de los subtropicales almerienses: 68 hectáreas censadas en 2022, en microclimas muy concretos. Una presencia emergente que se cuenta a su escala real, lejos de los grandes vergeles.
El aguacate ocupa un lugar minúsculo en la agricultura almeriense: la caracterización oficial de 2023 contabiliza 68 hectáreas en la provincia para 2022 — menos del 1 % de la superficie andaluza, concentrada muy mayoritariamente en Málaga y Granada, que reúnen más de doce mil hectáreas. El dato marca el tono: es un cultivo minoritario, de parcelas contadas y ensayos, no un nuevo pilar del territorio.
El árbol pide temperaturas suaves, abrigo del viento y un riego pilotado con rigor; en una provincia semiárida, cada implantación plantea la pregunta del microclima, de la calidad del agua y de la eficiencia hídrica. La campaña andaluza va, según variedades, del otoño a la primavera: la Hass domina los mercados y la Fuerte completa calendarios, aunque su presencia exacta en las pequeñas parcelas almerienses está por confirmar sobre el terreno.
Ahí está la apuesta, y es de laboratorio antes que de mercado: desde la estación experimental de Las Palmerillas (Cajamar) se defiende desde hace años que el aguacate puede ensayarse bajo los invernaderos almerienses, con el clima a la carta que ofrece el plástico. Adaptación y experimentación — no abundancia industrial.
Temporada
Verde contado en un entorno seco
Las laderas enteras de aguacates son de Málaga y Granada, que suman más de doce mil hectáreas. La escala almeriense es otra: 68 hectáreas censadas en 2022, repartidas en parcelas sueltas donde la copa densa y siempre verde del árbol contrasta con el secano de alrededor.
Elegir el sitio, medir el agua
Cada plantación empieza por buscar un rincón templado, al abrigo del viento y con agua de calidad asegurada. Después todo es medida: un riego pilotado al detalle en una provincia semiárida, y una recolección que se escalona, según variedades, del otoño a la primavera.