Almendra
El árbol de las laderas del Andarax y la Sierra de Gádor, que a finales de enero viste de blanco la Alpujarra. En Alhama, los archivos de la finca Los Frailes documentan su llegada a los antiguos bancales.
La almendra es el fruto seco del terroir de Alhama: el almendro trepa por las laderas del valle del Andarax y de la Sierra de Gádor, donde el olivo se detiene, y sigue hasta los secanos altos de la provincia. Es un cultivo de paciencia — secano, poda y espera: en el conjunto andaluz, el 84 % de los almendros se sigue trabajando sin riego — que Almería practica a lo grande: más de 37.000 hectáreas en ecológico según los datos sectoriales de 2026, que junto a Granada reúnen la casi totalidad del almendro ecológico andaluz; solo entre Los Vélez y el Alto Almanzora suman unas 57.000 hectáreas. Cifras provinciales, no municipales: el vínculo con Alhama es de archivo — en la finca Los Frailes, el almendro entró tras los olivos, los cereales y los parrales.
Su momento más hermoso llega cuando nadie lo espera: entre finales de enero y febrero, los almendros de la Alpujarra y de las lomas que rodean Alhama florecen de blanco y rosa en pleno invierno. Es uno de los grandes motivos para visitar el interior en temporada baja — las rutas de senderismo y los miradores del valle se asoman entonces a un paisaje nevado de flores.
La cosecha, en cambio, es cosa del final del verano: en agosto y septiembre se varean los árboles y la almendra pasa a la despensa. La Guara domina muchos secanos andaluces, junto a la Comuna, la Largueta o la Marcona, y las plantaciones recientes suman variedades tardías que esquivan las heladas — nombres de un paisaje varietal provincial, no de una selección propia de Alhama. De la despensa salen el ajoblanco, la sopa fría que la convierte en plato, y el dulce de almendra que atraviesa toda la repostería del sureste.
Variedades
- Guara
- Comuna
- Largueta
- Marcona
- Tardías: Tuono, Ferragnès, Marta o Antoñeta
Temporada
Almendros en flor sobre los bancales secos
A finales del invierno, almendros espaciados salpican de blanco y rosa pálido las terrazas minerales del interior: muretes, suelo ocre, vegetación rasa y relieves desnudos. La floración avanza con la altitud — empieza cerca de la costa y sube despacio hacia la Alpujarra — y es ligera, no una alfombra de postal.