Invernaderos del litoral Bajo invernadero Hortaliza de fruto de temporada

Judía verde

Fue uno de los grandes cultivos de la huerta y hoy es casi una rareza: 159 hectáreas en la campaña 2024/2025. Plana o redonda, se recoge vaina a vaina, a mano — y el precio lo cuenta.

Judía verde

La judía verde cuenta la historia menos contada de la huerta: la de los cultivos que se van. Importante ya en los años ochenta y todavía extendida a comienzos de siglo — unas 4.100 hectáreas y 65.000 toneladas en 2002 —, en la campaña 2024/2025 quedaban 159 hectáreas y unas 2.957 toneladas: menos del 1 % de la superficie, el volumen y el valor del invernadero almeriense.

El Observatorio distingue dos tipos comerciales, la judía plana y la redonda. Las vainas se crían en plantas guiadas por hilos y se recogen a mano, una a una, para no dañar la piel; ese trabajo, sumado a la competencia de las importaciones en el mercado europeo, explica buena parte del retroceso. Precisamente por eso es un producto aparte: su precio medio — en torno a 2,60 euros el kilo en 2024/2025 — es el más alto de los grandes cultivos bajo plástico.

La que queda se vende casi entera en España, según la ficha de campaña 2024/2025, con Países Bajos y Alemania como primeros clientes exteriores de lo poco que viaja.

Variedades

  • Plana
  • Redonda

Temporada

enero — de temporada febrero — de temporada marzo — de temporada abril — de temporada mayo — de temporada junio — de temporada julio agosto septiembre octubre — de temporada — mes en curso noviembre — de temporada diciembre — de temporada
de temporada Ahora

Un verde que hay que buscar

Entre las miles de hectáreas de invernadero de la provincia, la judía verde ocupa apenas un puñado de naves: encontrarla es ya parte de su paisaje. Dentro, las plantas trepan por los hilos hasta formar cortinas de follaje de las que penden las vainas, finas como flecos.

Un verde que hay que buscar

Lo que la máquina no sabe hacer

Es la excepción artesanal del invernadero: ninguna máquina sustituye a la mano que localiza cada vaina en su punto y la corta sin marcarla. El gesto se repite planta a planta durante toda la campaña, del otoño al comienzo del verano, y ese trabajo minucioso es el que se paga en el mostrador.

Lo que la máquina no sabe hacer

Quién la cultiva

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