Historia y origen
La tostada que resume el espíritu de las barras de Almería
El cherigan empieza por un pan muy concreto: una rebanada fina de barra, cortada en largo y al bies, que pasa por la plancha. Encima, una capa de alioli que aporta la untuosidad; después, el atún, el jamón cocido o las anchoas de las primeras versiones documentadas. El equilibrio está menos en la abundancia que en el contraste entre pan crujiente, salsa de ajo y guarnición salada.
Su historia mejor documentada conduce a la Parrilla Colón, el bar asociado al Café Colón de Almería. Según el testimonio de un antiguo empleado recogido por el investigador Antonio Zapata, el establecimiento abrió a principios de los años 50. A su encargado, González, lo apodaban «el Sheriff»; del apodo salieron «cheri» y «chérica», una de las muchas grafías que aún se ven en las pizarras. Es una memoria oral publicada por el Instituto de Estudios Almerienses, y así conviene contarla.
La tapa hace tiempo que dejó atrás su fórmula inicial: hay bares que añaden queso, huevo, embutido o pescado ahumado, y las grafías se multiplican. Esa flexibilidad forma parte de su cultura: al cherigan se le reconoce por el pan tostado y el alioli más que por una guarnición única. El apodo, eso sí, suena a western — quien quiera seguir esa pista tiene el desierto de Tabernas a un paso —, aunque ningún documento relacione la tapa con los rodajes.