Historia y origen
El pulpo guisado al vino en la memoria de La Chanca
La marraná de pulpo es un guiso de paciencia con un nombre deliberadamente rústico. Un pulpo troceado se junta con cebolla, tomate, una cabeza de ajos, laurel, aceite, sal y vino en la misma olla. La cocción suave ablanda la carne y reduce los jugos hasta formar una salsa oscura, brillante e intensamente marina. La fórmula documentada es sorprendentemente corta: pimienta, coñac, cerveza, pimientos o patatas pertenecen a variantes más recientes o familiares.
Su anclaje más preciso es Pescadería-La Chanca, el barrio marinero de la capital. Antonio Zapata cuenta que la descubrió en 1992 en «Recetas la mar de viejas», un recetario levantado con antiguos cocineros de a bordo y mujeres mayores del barrio, y que la publicó después en 1997, ayudando a difundirla más allá de Pescadería. Esa cronología documenta la transmisión y la popularización; no permite fechar el día en que se inventó.
Desde entonces, la marraná ha ganado las pizarras de muchos bares almerienses e incluso concursos gastronómicos municipales. Se sirve como tapa o como plato, con pan imprescindible para recoger la salsa y, según la casa, patatas fritas o guisadas. Su etimología sigue siendo una hipótesis: el nombre podría bromear con echar todos los ingredientes juntos, en crudo, sin filigranas. Nada que ver, en todo caso, con un pulpo a la gallega espolvoreado de pimentón.