Historia y origen
El vino que aprendió a refrescar, y que sigue trayendo tapa
El tinto de verano es vino tinto rebajado con gaseosa —o con refresco de limón—, servido en vaso alto, con hielo hasta arriba y a menudo una rodaja de limón o de naranja. Se bebe largo y fresco, y por eso acompaña bien las horas en que el sol todavía aprieta en la calle.
Su historia lleva a Córdoba. En la Venta de Vargas, en la zona de El Brillante, al norte de la ciudad, D. Federico Vargas empezó en los años veinte y comienzos de los treinta a mezclar el tinto con sifón para hacerlo más refrescante; después vendrían la gaseosa y las rodajas de cítrico. La casa se hizo tan popular que en Córdoba todavía se pide «un Vargas». Sobre el nombre hay dos relatos: el de los clientes que pedían un «tinto especial de verano» para distinguirlo del vino a secas, y el que hace derivar Vargas de «Val-gas», Valdepeñas con gaseosa.
En la barra almeriense ocupa un lugar muy concreto: es el vino de la tapa cuando el calor no admite una copa. Y el vino, aquí, tiene raíces cerca — los viñedos de la Alpujarra almeriense se cultivan entre los 700 y los 1.000 metros, amparados por la IGP Laujar-Alpujarra, a un paso de Alhama por la carretera del Andarax.