Historia y origen
Patatas melosas, pimiento verde y cebolla confitados despacio
Las papas a lo pobre convierten unos ingredientes corrientes en un acompañamiento hondamente reconfortante. Las patatas se cortan en rodajas finas y se hacen en sartén con pimiento verde, cebolla y una cantidad generosa de aceite de oliva. La tapadera retiene el vapor: las verduras sudan, las rodajas se ablandan y quedan jugosas.
Antonio Zapata las describe como uno de los acompañamientos más almerienses para los huevos fritos y las carnes. También se sirven solas en tapa, o coronadas con un huevo. Algunos bordes pueden dorarse, pero la búsqueda principal no es el crujiente: ese matiz las separa de las patatas salteadas y de las patatas panaderas, parientes generalmente hechas al horno.
Los usos varían en la provincia: una documentación sobre Alsodux menciona una versión con tomate y pimiento, a veces completada con huevos fritos. Esos añadidos enriquecen el panorama sin imponerse a todas las mesas. Para Alhama, la formulación prudente es la de un plato muy cercano y fuertemente almeriense, no la de una creación comunal demostrada — y la textura casi confitada de la patata sigue siendo su mejor seña.